DE LA PROMOCIÓN A LA PRESERVACIÓN DE LA SALUD:
- Amesvida Editor Central

- 7 days ago
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Una propuesta conceptual para renovar la salud pública en el siglo XXI
Introducción
Durante casi cuatro décadas, desde la Carta de Ottawa de 1986, la expresión "promoción de la salud" ha ocupado un lugar central en el discurso de la salud pública mundial. La Organización Mundial de la Salud la definió como el proceso mediante el cual las personas adquieren mayor control sobre su salud y la mejoran (1).
Sin embargo, después de cuarenta años de esfuerzos, la realidad epidemiológica obliga a formular una pregunta incómoda: ¿es suficiente seguir hablando de promoción de la salud cuando las enfermedades relacionadas con el estilo de vida continúan creciendo a escala mundial?
Las enfermedades no transmisibles (ENT) causaron más de 43 millones de muertes en 2021, equivalentes a cerca del 75 % de todas las muertes mundiales. Aproximadamente 18 millones de estas muertes ocurrieron prematuramente, antes de los 70 años de edad (2). Diversos estudios muestran además que la carga global de discapacidad atribuible a enfermedades relacionadas con estilos de vida continúa aumentando de manera sostenida (3,4).
Frente a esta realidad, proponemos abrir un debate conceptual: que la salud pública evolucione desde la promoción de la salud hacia la preservación de la salud. No se trata de un simple cambio semántico. Se trata de una transformación filosófica, comunicacional y estratégica coherente con la visión salutogénica, la medicina de estilo de vida y las ciencias contemporáneas del comportamiento.
¿Por qué la palabra "promoción" parece insuficiente?
La palabra promoción implica impulsar algo que aún no existe o que requiere ser difundido. Promocionamos un producto, promocionamos un evento, promocionamos una campaña. La salud, en cambio, no es un producto que deba venderse. La salud es una condición biológica, psicológica, social y existencial inherente a la vida humana. Lo que realmente ocurre es que puede conservarse, fortalecerse o deteriorarse.
Desde esta perspectiva, resulta más coherente hablar de preservar la salud que de promoverla. La preservación comunica continuidad, protección y responsabilidad compartida. Además, se expresa en tiempo presente y transmite una acción permanente. Mientras la promoción suele percibirse como una intervención episódica, la preservación comunica un compromiso cotidiano.
Desde la psicología social sabemos que las personas responden mejor a mensajes relacionados con la protección de aquello que ya poseen que a promesas abstractas de beneficios futuros. La teoría de las perspectivas de Kahneman y Tversky mostró que la percepción de pérdida suele generar respuestas conductuales más intensas que la expectativa de ganancia (5). Desde esta óptica, preservar la salud puede constituir una narrativa más poderosa que promoverla.
La evidencia obliga a replantear el paradigma
Aunque la promoción de la salud ha contribuido significativamente a incorporar los determinantes sociales en las políticas públicas, los resultados globales muestran una paradoja. Nunca se ha hablado tanto de alimentación saludable, actividad física, bienestar emocional o prevención. Y, sin embargo, nunca la humanidad había enfrentado una carga tan elevada de enfermedades crónicas asociadas al estilo de vida.
Las ENT representan actualmente cerca de tres cuartas partes de todas las muertes mundiales (2). Los principales factores de riesgo son ampliamente conocidos: alimentación inadecuada, sedentarismo, tabaquismo, consumo nocivo de alcohol, obesidad, hipertensión y alteraciones metabólicas (2,3).
El problema no es la falta de información. El problema es la dificultad para transformar el conocimiento en comportamiento. Y allí es donde la promoción tradicional encuentra sus límites.
Lo que nos enseñan la antropología y la psicología social
La antropología ha demostrado que las decisiones humanas no se toman únicamente desde la racionalidad individual. Las personas comen, descansan, trabajan, se movilizan y construyen sus hábitos dentro de sistemas culturales específicos.
Los comportamientos saludables y no saludables son construcciones sociales profundamente influenciadas por tradiciones, normas culturales, identidad colectiva y disponibilidad de recursos.
La psicología social coincide con esta visión. Numerosos estudios muestran que las conductas humanas dependen de normas sociales, hábitos adquiridos, modelos observados y contextos ambientales más que de simples decisiones racionales (6).
Por esta razón, muchas estrategias de promoción fracasan cuando se limitan a transmitir información. Decirle a una persona qué debe hacer no garantiza que pueda hacerlo. La capacidad de actuar depende de factores económicos, culturales, ambientales y emocionales.
El aporte de las ciencias de la implementación
Las ciencias de la implementación han demostrado que existe una enorme distancia entre la evidencia científica y su aplicación en la vida real. Sabemos qué comportamientos generan salud, sabemos qué intervenciones funcionan y sabemos cuáles son los factores de riesgo. Sin embargo, implementar estos conocimientos en poblaciones completas continúa siendo uno de los mayores desafíos de la salud pública contemporánea (7).
La evidencia demuestra que los cambios sostenibles aparecen cuando las intervenciones modifican simultáneamente los entornos, las políticas, los incentivos, las normas sociales y las capacidades individuales (7,8).
Por esta razón, preservar la salud requiere mucho más que campañas educativas. Requiere ecosistemas saludables.
La convergencia con la Medicina de Estilo de Vida
La Medicina de Estilo de Vida ofrece una oportunidad excepcional para fortalecer esta transición conceptual. Sus seis pilares —alimentación saludable, movimiento y actividad física, descanso y sueño reparador, manejo del estrés, relaciones sociales positivas y evitación de sustancias y entornos nocivos— representan mecanismos concretos de preservación de la salud (9).
La pregunta central deja de ser: "¿Cómo promovemos la salud?" y pasa a ser: "¿Cómo preservamos los mecanismos biológicos y sociales que generan salud?"
Esta perspectiva es profundamente salutogénica. Aaron Antonovsky propuso que el desafío no consiste únicamente en explicar por qué enfermamos, sino en comprender por qué permanecemos sanos a pesar de las adversidades (10).
La preservación de la salud responde precisamente a esta pregunta. Busca identificar, proteger y fortalecer los recursos que generan bienestar, resiliencia y capacidad de adaptación.
Una evolución natural del legado de Alma-Ata
La Declaración de Alma-Ata en 1978 estableció que las personas tienen el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación de su atención sanitaria (11).
Ese principio sigue siendo plenamente vigente. Sin embargo, hoy comprendemos mejor que las decisiones individuales están profundamente condicionadas por determinantes sociales, comerciales, económicos y ambientales (8).
No basta con responsabilizar a las personas por sus elecciones, debemos crear las condiciones para que las decisiones saludables sean las decisiones más fáciles.
La preservación de la salud reconoce simultáneamente dos verdades:
Primera: cada persona posee un papel insustituible en el cuidado de su propia salud.
Segunda: ninguna persona puede preservar plenamente su salud si vive en entornos que sistemáticamente favorecen comportamientos nocivos.
Por ello, la preservación de la salud exige una alianza entre ciudadanos, comunidades, gobiernos, empresas, sistemas educativos y sistemas de salud.
La propuesta de sustituir o complementar el concepto de promoción de la salud por el de preservación de la salud no pretende desconocer los avances logrados desde Ottawa hace 40 años. Por el contrario, busca llevar esos principios a una nueva etapa histórica.
Una etapa en la que la salud deje de entenderse como un mensaje que debe promocionarse y sea reconocida como un patrimonio biológico, psicológico, social y ecológico que debe preservarse.
La promoción nos enseñó a hablar de salud.
La preservación puede ayudarnos a vivirla.
Tal vez el gran desafío de la salud pública del siglo XXI no sea convencer a las personas de buscar salud. Tal vez sea crear las condiciones para que puedan conservar la que ya poseen.
Referencias
1. World Health Organization. Ottawa Charter for Health Promotion. Geneva: WHO; 1986.
2. World Health Organization. Noncommunicable Diseases Fact Sheet. Geneva: WHO; 2025.
3. Melaku YA, et al. The Impact of Unhealthy Lifestyle on the Burden of Non-Communicable Diseases. Front Public Health. 2025.
4. Freihat O, et al. Global Burden and Future Projections of Non-Communicable Diseases. Lancet Public Health. 2025.
5. Kahneman D, Tversky A. Prospect Theory: An Analysis of Decision Under Risk. Econometrica. 1979;47(2):263-291.
6. Cialdini RB. Influence: Science and Practice. 5th ed. Boston: Pearson; 2009.
7. Proctor EK, Landsverk J, Aarons G, et al. Implementation Research in Mental Health Services. Adm Policy Ment Health. 2009;36:24-34.
8. De Lacy-Vawdon C, Livingstone C, et al. Defining the Commercial Determinants of Health. BMC Public Health. 2020;20:1022.
9. American College of Lifestyle Medicine. Lifestyle Medicine Core Competencies Program. 2024.
10. Aaron Antonovsky. Health, Stress and Coping. San Francisco: Jossey-Bass; 1979.
11. International Conference on Primary Health Care. Declaration of Alma-Ata. WHO/UNICEF; 1978.





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