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Moverse no es opcional: de la evidencia a la acción en actividad física

Reflexiones a partir del Café Virtual con Andrea Ramírez


La evidencia es contundente: la actividad física reduce la mortalidad, previene enfermedades crónicas, mejora la salud mental y fortalece el tejido social. Sin embargo, existe una paradoja evidente: sabemos qué funciona, pero no lo estamos implementando de manera efectiva.


Este desafío no es menor. Es, en esencia, un problema de traducción del conocimiento a la acción, y allí es donde emerge un campo clave: las ciencias de la implementación.

¿Por qué, si la evidencia es sólida, la implementación es débil?


La respuesta no está en la falta de conocimiento, sino en cómo se diseñan y ejecutan las políticas públicas. La actividad física ha sido tratada históricamente como un complemento, no como una estrategia estructural.


Errores frecuentes:

  • Enfoques fragmentados y sectoriales (salud aislada de transporte, educación o urbanismo).

  • Programas centrados en campañas, no en entornos.

  • Falta de continuidad política y financiamiento sostenido.


El gran error: individualizar lo que es estructural

Durante años, la actividad física se ha comunicado como una decisión personal: “muévase más”, “haga ejercicio”. Pero la realidad es otra: las personas se mueven —o no— según las condiciones en las que viven.

  • ¿Hay parques seguros?

  • ¿Existen ciclovías?

  • ¿El transporte invita a caminar?

  • ¿El tiempo laboral lo permite?


Aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Existe inequidad en la posibilidad de moverse? La respuesta es sí. Moverse es hoy un privilegio en muchos contextos.


Las poblaciones con menos recursos:

  • Tienen menos acceso a espacios verdes.

  • Viven en entornos inseguros.

  • Enfrentan mayores barreras de tiempo y transporte.


La inactividad física también es una expresión de desigualdad.


América Latina: luces que muestran el camino

Existen ejemplos esperanzadores en la región:

  • Ciclovías en Bogotá: integración del espacio público para el movimiento ciudadano.

  • Programas comunitarios en Brasil.

  • Intervenciones urbanas en Curitiba y Medellín.

Estos casos comparten algo en común:la actividad física se pensó como política de ciudad, no solo de salud.


¿Qué son las ciencias de la implementación y por qué importan?

Las ciencias de la implementación estudian cómo llevar intervenciones efectivas del papel a la vida real. No basta con saber qué funciona. Hay que entender:

  • Cómo adaptarlo a cada contexto 

  • Cómo sostenerlo en el tiempo 

  • Cómo involucrar actores múltiples 

  • Cómo medir impacto real 

En otras palabras no es solo hacer programas, es lograr que funcionen en la vida cotidiana de las personas.


Romper el mito: la actividad física no es deporte

Uno de los mayores obstáculos es conceptual: La actividad física sigue siendo vista como “deporte”. Esto limita su alcance. La actividad física es:

  • Transporte (caminar, bicicleta)

  • Trabajo (movimiento ocupacional)

  • Vida diaria (subir escaleras, cargar, desplazarse)

Debe entenderse como una infraestructura de bienestar, no como una actividad opcional.


Más allá de la salud: impacto social, económico y ambiental

Promover actividad física no solo reduce enfermedades. También:

  • Mejora la productividad laboral

  • Reduce costos en salud

  • Fortalece la cohesión social

  • Disminuye la contaminación

  • Aporta a la mitigación del cambio climático

Caminar y usar bicicleta no son solo decisiones personales para moverse, también son decisiones ambientales.


Actividad física y cambio climático: una conexión urgente

Las políticas de movilidad activa reducen emisiones, disminuyen congestión y mejoran la calidad del aire.  Por eso, la actividad física debe integrarse en políticas de transporte, urbanismo, ambiente, educación y trabajo. No es, ni puede ser, un tema exclusivo del sector salud.


El rol de los profesionales y las organizaciones

Las organizaciones científicas como Amesvida tienen un papel clave:

  • Traducir evidencia en acción,

  • Incidir en políticas públicas,

  • Formar talento humano,

  • Generar modelos replicables.

Y los profesionales de salud deben pasar de recomendar ejercicio a promover entornos que lo hagan posible.


Tres decisiones clave para América Latina

  1. Diseñar ciudades que inviten a moverse (infraestructura segura, accesible y equitativa)

  2. Integrar la actividad física en todas las políticas públicas (enfoque intersectorial real)

  3. Invertir en implementación, no solo en evidencia (sostenibilidad, evaluación e impacto)


Movernos es un acto colectivo

La actividad física no puede seguir dependiendo únicamente de la motivación individual.

Es una responsabilidad compartida entre gobiernos, ciudades, empresas, sistemas educativos y el sector salud, por supuesto.


Moverse no es un lujo, es una condición para vivir mejor.


Consulta las publicaciones que ha hecho Andrea Ramírez sobre este tema de tanta actualidad:


 
 
 

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