Moverse no es opcional: de la evidencia a la acción en actividad física
- Amesvida Editor Central

- Apr 19
- 3 min read
Reflexiones a partir del Café Virtual con Andrea Ramírez
La evidencia es contundente: la actividad física reduce la mortalidad, previene enfermedades crónicas, mejora la salud mental y fortalece el tejido social. Sin embargo, existe una paradoja evidente: sabemos qué funciona, pero no lo estamos implementando de manera efectiva.
Este desafío no es menor. Es, en esencia, un problema de traducción del conocimiento a la acción, y allí es donde emerge un campo clave: las ciencias de la implementación.
¿Por qué, si la evidencia es sólida, la implementación es débil?
La respuesta no está en la falta de conocimiento, sino en cómo se diseñan y ejecutan las políticas públicas. La actividad física ha sido tratada históricamente como un complemento, no como una estrategia estructural.
Errores frecuentes:
Enfoques fragmentados y sectoriales (salud aislada de transporte, educación o urbanismo).
Programas centrados en campañas, no en entornos.
Falta de continuidad política y financiamiento sostenido.
El gran error: individualizar lo que es estructural
Durante años, la actividad física se ha comunicado como una decisión personal: “muévase más”, “haga ejercicio”. Pero la realidad es otra: las personas se mueven —o no— según las condiciones en las que viven.
¿Hay parques seguros?
¿Existen ciclovías?
¿El transporte invita a caminar?
¿El tiempo laboral lo permite?
Aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Existe inequidad en la posibilidad de moverse? La respuesta es sí. Moverse es hoy un privilegio en muchos contextos.
Las poblaciones con menos recursos:
Tienen menos acceso a espacios verdes.
Viven en entornos inseguros.
Enfrentan mayores barreras de tiempo y transporte.
La inactividad física también es una expresión de desigualdad.
América Latina: luces que muestran el camino
Existen ejemplos esperanzadores en la región:
Ciclovías en Bogotá: integración del espacio público para el movimiento ciudadano.
Programas comunitarios en Brasil.
Intervenciones urbanas en Curitiba y Medellín.
Estos casos comparten algo en común:la actividad física se pensó como política de ciudad, no solo de salud.
¿Qué son las ciencias de la implementación y por qué importan?
Las ciencias de la implementación estudian cómo llevar intervenciones efectivas del papel a la vida real. No basta con saber qué funciona. Hay que entender:
Cómo adaptarlo a cada contexto
Cómo sostenerlo en el tiempo
Cómo involucrar actores múltiples
Cómo medir impacto real
En otras palabras no es solo hacer programas, es lograr que funcionen en la vida cotidiana de las personas.
Romper el mito: la actividad física no es deporte
Uno de los mayores obstáculos es conceptual: La actividad física sigue siendo vista como “deporte”. Esto limita su alcance. La actividad física es:
Transporte (caminar, bicicleta)
Trabajo (movimiento ocupacional)
Vida diaria (subir escaleras, cargar, desplazarse)
Debe entenderse como una infraestructura de bienestar, no como una actividad opcional.
Más allá de la salud: impacto social, económico y ambiental
Promover actividad física no solo reduce enfermedades. También:
Mejora la productividad laboral
Reduce costos en salud
Fortalece la cohesión social
Disminuye la contaminación
Aporta a la mitigación del cambio climático
Caminar y usar bicicleta no son solo decisiones personales para moverse, también son decisiones ambientales.
Actividad física y cambio climático: una conexión urgente
Las políticas de movilidad activa reducen emisiones, disminuyen congestión y mejoran la calidad del aire. Por eso, la actividad física debe integrarse en políticas de transporte, urbanismo, ambiente, educación y trabajo. No es, ni puede ser, un tema exclusivo del sector salud.
El rol de los profesionales y las organizaciones
Las organizaciones científicas como Amesvida tienen un papel clave:
Traducir evidencia en acción,
Incidir en políticas públicas,
Formar talento humano,
Generar modelos replicables.
Y los profesionales de salud deben pasar de recomendar ejercicio a promover entornos que lo hagan posible.
Tres decisiones clave para América Latina
Diseñar ciudades que inviten a moverse (infraestructura segura, accesible y equitativa)
Integrar la actividad física en todas las políticas públicas (enfoque intersectorial real)
Invertir en implementación, no solo en evidencia (sostenibilidad, evaluación e impacto)
Movernos es un acto colectivo
La actividad física no puede seguir dependiendo únicamente de la motivación individual.
Es una responsabilidad compartida entre gobiernos, ciudades, empresas, sistemas educativos y el sector salud, por supuesto.
Moverse no es un lujo, es una condición para vivir mejor.
Consulta las publicaciones que ha hecho Andrea Ramírez sobre este tema de tanta actualidad:




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