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Guía Alimentaria Colombiana 2025: una hoja de ruta para sanar la relación entre el territorio, el cuerpo y la vida

Un llamado desde AMESVIDA a vivir la Medicina de Estilo de Vida desde la alimentación


Autores: Eymard Torres, MD, Ana María Hurtado MD, Laura Jaramillo, MD. Liliana Rojas, MD. Nancy Mercado, ND. Leany Blandón, ND. Ana María Urrea, ND. Martha Eugenia García, MD. Juan Carlos Santacruz






Introducción: cuando el alimento vuelve a ser origen

En un mundo donde la comida se ha convertido en producto, la Guía Alimentaria para la Población Colombiana 2025, liderada por el Estado colombiano y basada en biodiversidad y alimentación real, propone un tránsito de la alimentación entendida como mercancía hacia la alimentación entendida como territorio, cultura y vida; un paso de los productos empacados a los alimentos reales, y de la lógica del conteo de calorías a una comprensión más amplia de pertenencia, comunidad y bienestar.


Esta guía no es solo un documento técnico, es un acto cultural, político y sanitario. Es la expresión de un país que reconoce que su salud nace en la tierra, en el agua, en las semillas, en las cocinas y en la memoria colectiva. Además, se alinea con el derecho humano a una alimentación adecuada y con los determinantes sociales de la salud.


Desde AMESVIDA, como organización comprometida con la Medicina de Estilo de Vida (MEV), celebramos esta guía como una de las herramientas más coherentes con el enfoque salutogénico, preventivo y territorial que hoy exige la salud pública. Este documento también reconoce a la soberanía alimentaria como eje central para construir salud con equidad al reconocer que los procesos de producción, distribución y consumo están determinados por condiciones territoriales, económicas y socioculturales, relación ampliamente descrita en estudios sobre obesogenicidad estructural y desigualdades en sistemas alimentarios (1,2,3)

La evidencia internacional muestra de manera consistente que los patrones alimentarios basados en alimentos reales y mínimamente procesados reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, cáncer y mortalidad por todas las causas (4,5). En contraste, una alta exposición a alimentos ultraprocesados se asocia con mayor riesgo de obesidad, hipertensión, enfermedad metabólica y mortalidad, incluso después de ajustar por energía y estilos de vida (6,7). Estos hallazgos han llevado a organismos como OPS/FAO a adoptar el marco NOVA (nuevo en portugués) como referencia para clasificar alimentos según su nivel de procesamiento y su impacto en salud pública (8,9,10,12). Además, estudios regionales muestran que las desigualdades en seguridad alimentaria y nutricional están estrechamente relacionadas con ingresos, acceso territorial y condiciones socioeconómicas, determinando patrones alimentarios inequitativos (11-13). La Guía Alimentaria Colombiana 2025 se alinea con este cuerpo de evidencia al priorizar alimentos reales, cultura culinaria y prácticas alimentarias territorializadas, claves para la reducción de riesgo poblacional y para abordar inequidades estructurales en salud.


Guía Colombiana en relación con los seis pilares de AMESVIDA

La guía se convierte en un instrumento integrador de los seis pilares de la Medicina de Estilo de Vida.


1. Alimentación real: el corazón del Pilar No. 1 de la MEV

El Pilar No. 1 de la Medicina de Estilo de Vida —Alimentación consciente y saludable— encuentra en esta guía colombiana una expresión viva y concreta, tal como lo proponen los consensos internacionales, centrados en la prevención primaria y secundaria de las enfermedades crónicas.


La guía propone abandonar el reduccionismo nutricional y adoptar una visión basada en:

  • Alimentos reales.

  • Biodiversidad.

  • Pertinencia cultural.

  • Soberanía y seguridad alimentaria con enfoque territorial

  • Sustentabilidad ambiental.

  • Diálogo de saberes.

  • Clasificación NOVA.


Su estructura pedagógica conduce al lector desde los ecosistemas hasta la fisiología humana, reconociendo las interacciones entre ambiente, cultura alimentaria y metabolismo.


Este enfoque coincide plenamente con la MEV, que entiende la alimentación no como una dieta, sino como una relación consciente con la vida, priorizando una base vegetal (alimentación basada en plantas) que otorga mayor valor a frutas, verduras, legumbres y alimentos mínimamente procesados.


Pilar 2: Movimiento

Aunque la guía no aborda el movimiento de manera explícita, su comprensión de salud como equilibrio del ecosistema, dialoga con el segundo pilar de la MEV al reconocer prácticas cotidianas de actividad física alineadas con la OMS y conectadas con prácticas culturales territoriales como la agricultura, la pesca, el caminar y el juego comunitario.


Pilar 3: Sueño y ritmos biológicos

La guía invita a considerar el respeto por los ciclos naturales del territorio que refuerzan el valor de la crononutrición y de los horarios alimentarios coherentes con la luz, la oscuridad, los ritmos circadianos y el descanso.


Pilar 4: Relaciones saludables

La cocina, los mercados y las reuniones familiares son reconocidos como espacios de cohesión social y construcción de identidad colectiva, factores protectores frente a la soledad, la depresión y el aislamiento social.


Pilar 5: Manejo del estrés

La reconexión con la tierra, la agroecología y las prácticas ancestrales favorecen estados de calma, sentido y pertenencia, factores protectores frente al estrés crónico.


Pilar 6: Evitar sustancias nocivas

La guía hace un llamado claro a disminuir el consumo de Productos Comestibles y Bebibles Ultraprocesados (PCBU), según la clasificación NOVA, evidenciando su impacto negativo en la salud y el ambiente.


3. Una guía construida desde la gente: diálogo de saberes

Uno de los mayores valores de esta guía es su metodología: fue co-creada con comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas, familias y sabedores ancestrales en 13 territorialidades alimentarias del país, mediante metodologías participativas y de investigación-acción.


Esta guía representa un paso trascendental del nutricionismo al derecho a una alimentación realmente saludable, solidaria y sustentable.


Honra el concepto de Buen Vivir (Sumak Kawsay), entendiendo la salud como una experiencia colectiva, comunitaria y ecológica de bienestar integral. Desde AMESVIDA, hemos propuesto estilos de vida orientados precisamente al Buen Vivir.


4. Comparación con guías internacionales

En el escenario internacional, las guías alimentarias continúan siendo referentes técnicos fundamentales. Sin embargo, análisis académicos recientes —como el realizado por la Universidad de Stanford sobre las Dietary Guidelines for Americans 2025–2030— evidencian límites persistentes: énfasis excesivo en nutrientes aislados, mensajes ambiguos frente a los alimentos ultraprocesados, contradicciones internas y una débil integración de la cultura, el territorio y los sistemas vivos que sostienen la alimentación.


Desde AMESVIDA reconocemos que estos debates no son ajenos a nuestra realidad. América Latina, y Colombia en particular, viven las consecuencias de modelos alimentarios globalizados que han fragmentado la relación entre comida, cuerpo, comunidad y naturaleza.


De manera concreta, las Guías Alimentarias para los estadounidenses (DGA 2020–2025) ofrecen un marco sólido basado en evidencia sobre patrones dietarios saludables y prevención de enfermedad crónica (14,15). Sin embargo, mantienen una orientación centrada en nutrientes, porciones y metas cuantitativas individuales. Este enfoque es útil para estandarizar recomendaciones clínicas, pero limita la comprensión de los determinantes estructurales (acceso, entornos alimentarios, precios, cultura, territorio) que condicionan la alimentación real de las personas. Las DGA tampoco incorporan análisis del sistema alimentario, ni abordan de manera explícita el impacto del procesamiento industrial o el rol de la industria alimentaria en los patrones dietarios, elementos críticos para América Latina (16,17).


En contraste, la Guía Alimentaria Colombiana 2025 integra dimensiones que las guías norteamericanas no contemplan: territorialidad, biodiversidad, cultura culinaria, soberanía alimentaria, agroecología y determinación social de la alimentación. Mientras las DGA ofrecen claridad para la práctica clínica en contextos individualizados, la guía colombiana permite comprender cómo las condiciones estructurales (económicas, ambientales, laborales, culturales) configuran la alimentación cotidiana. En este sentido, ambas guías son complementarias: la estadounidense aporta lineamientos estandarizados útiles en consulta clínica individual, y la colombiana amplía el marco hacia un enfoque sistémico y territorial indispensable para la salud pública, la equidad y la planificación intersectorial.


En este contexto, la Guía Alimentaria Colombiana 2025 no solo dialoga con la evidencia científica internacional, sino que responde desde un lugar más profundo: el territorio, la memoria y la vida cotidiana.

Esta guía supera el nutricionismo al reconocer que:

  • El alimento no es solo fuente de nutrientes, sino expresión de ecosistemas, culturas y vínculos sociales.

  • Comer es un acto político, ambiental, ecológico y sanitario.

  • No hay salud posible sin coherencia entre lo que se recomienda, lo que se produce y lo que se vive.


A diferencia de muchas guías internacionales, la guía colombiana:

  • Nombra con claridad los productos comestibles ultraprocesados y su impacto en la salud y el ambiente.

  • Prioriza alimentos reales, biodiversos y culturalmente pertinentes.

  • Integra soberanía alimentaria, agroecología y derecho a la alimentación adecuada.

  • Propone un recorrido pedagógico que va del territorio al cuerpo, y del cuerpo a la comunidad.


Desde la Medicina de Estilo de Vida, esta coherencia es esencial. No se trata solo de prevenir enfermedades, sino de cultivar condiciones para la vida.


Por ello, desde AMESVIDA afirmamos que la Guía Alimentaria Colombiana 2025:

  • Anticipa y responde a las críticas actuales sobre las guías alimentarias tradicionales.

  • Ofrece un modelo replicable para América Latina y otros territorios diversos.

  • Posiciona a Colombia como referente ético, cultural y sanitario en alimentación y salud integral.

En un mundo que busca corregir guías fragmentadas, Colombia propone sanar la relación entre el territorio, el cuerpo y la vida.

Porque cuando el alimento vuelve a ser real, la salud deja de ser una promesa y se convierte en experiencia compartida.

5. Escenarios académicos y clínicos: una oportunidad histórica

Desde AMESVIDA invitamos a:


En la academia

  • Incorporar la guía en programas de medicina, nutrición, enfermería, psicología, educación y ciencias sociales.

  • Usarla como base para investigación en MEV y demás especialidades médicas y sanitarias.

  • Desarrollar proyectos de aprendizaje-servicio territorial.

  • Fortalecer la educación médica continua.

  • Formar equipos interdisciplinarios en MEV.


En la clínica

  • Integrarla en consultas de estilo de vida y otras especialidades.

  • Usarla como herramienta educativa para pacientes y familias.

  • Conectar planes nutricionales con cultura y territorio.

Esta guía también puede ser una gran aliada en procesos de enfermedad. En el trabajo con personas que viven con cáncer, por ejemplo, se ha visto cómo volver a los alimentos reales, respetar los ritmos del cuerpo y reconectar con la cocina y el territorio no solo ayuda a prevenir, sino también a acompañar mejor. Comer bien, con sentido y con raíces, puede convertirse en un acto profundo de cuidado, incluso en medio de un tratamiento. Este enfoque no es solo complementario, también es medicina.


En la comunidad

  • Escuelas, empresas, organizaciones sociales y territorios pueden usarla como guía de transformación cotidiana.


6. Un llamado al Gobierno Nacional

Desde AMESVIDA hacemos una recomendación estratégica a los tomadores de decisión.


Colombia necesita un plan nacional, amplio, creativo con financiamiento sostenible, articulación intersectorial y mecanismos de seguimiento.


Un plan que incluya:

  • Campañas pedagógicas masivas basadas en evidencia

  • Material audiovisual e intercultural adaptado a territorios y lenguas.

  • Estrategias escolares que vinculen alimentación territorio y cultura.

  • Procesos de formación comunitaria con enfoque territorial.

  • Integración con políticas de salud, educación y ambiente.

  • Articulación con APS/RIAS, PAE, compras públicas locales y programas de SAN.

  • Monitoreo y evaluación periódica de adopción e impacto.

 

Una guía que no se vive, se convierte en archivo. En cambio, una guía que se vive con acompañamiento, financiación y apropiación social, se convierte en cultura y política pública.

La Guía Alimentaria Colombiana 2025 nos recuerda que comer es un acto que construye futuro, que cocinar es una forma de cuidado, que compartir alimentos fortalece vínculos, y que elegir alimentos reales es elegir salud.


Desde AMESVIDA creemos que esta guía es una de las herramientas más poderosas para materializar la Medicina de Estilo de Vida en Colombia, no desde el discurso, sino desde el plato, el territorio y el corazón.


Invitamos a todas las personas, profesionales, instituciones y gobernantes a conocerla, profundizarla, enseñarla, practicarla y vivirla.


Porque cuando la alimentación vuelve a ser real, la salud vuelve a ser posible.

 

 

REFERENCIAS

  1. Swinburn BA, Kraak VI, Allender S, Atkins VJ, Baker PI, Bogard JR, et al. The global syndemic of obesity, undernutrition, and climate change: the Lancet Commission report. Lancet. 2019;393(10173):791–846.

  2. Asfaw A. Does consumption of processed foods explain disparities in body weight? The case of Guatemala. Health Econ. 2011;20(2):184–195.

  3. García-Díaz N, Sarmiento OL, Parra DC, González SA, Díaz-Ortiz S, Pratt M. Obesogenic environments in Latin America. Obes Rev. 2022;23(S1):e13380.

  4. Aune D, Giovannucci E, Boffetta P, Fadnes LT, Keum N, Norat T, et al. Fruit and vegetable intake and the risk of cardiovascular disease, total cancer and all-cause mortality: a systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. Int J Epidemiol. 2017;46(3):1029–1056.

  5. Satija A, Bhupathiraju SN, Spiegelman D, Chiuve SE, Manson JE, Willett W, et al. Healthful and unhealthful plant-based diets and the risk of coronary heart disease in U.S. adults. J Am Coll Cardiol. 2017;70(4):411–422.

  6. Srour B, Fezeu LK, Kesse-Guyot E, Allès B, Debras C, Druesne-Pecollo N, et al. Ultra-processed food intake and risk of all-cause mortality: a prospective cohort study. JAMA Intern Med. 2019;179(4):490–498.

  7. Lane MM, Davis JA, Beattie S, Gómez-Donoso C, Loughman A, O’Neil A, et al. Ultraprocessed food and chronic noncommunicable diseases: a systematic review and meta-analysis. Obes Rev. 2022;23(1):e13387.

  8. Monteiro CA, Cannon G, Levy RB, Moubarac J-C, Louzada ML da C, Rauber F, et al. Ultra-processed foods: what they are and how to identify them. Public Health Nutr. 2019;22(5):936–941.

  9. Organización Panamericana de la Salud / Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (OPS/FAO). Ultra-processed food and drink products in Latin America: trends, impact on obesity, policy implications. Santiago: FAO/PAHO; 2015.

  10. Moubarac J-C, Parra DC, Cannon G, Monteiro CA. Food classification systems based on processing. World Nutr. 2014;5(2):271–288.

  11. Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). The State of Food Security and Nutrition in the World 2023. Rome: FAO; 2023.

  12. Martínez Steele E, Popkin BM, Swinburn B, Monteiro CA. The share of ultraprocessed foods and the overall nutritional quality of diets in the US. Population Health Metrics. 2017;15:6.

  13. Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). Guidelines on the collection of food consumption data. Rome: FAO; 2018.

  14. U.S. Department of Agriculture; U.S. Department of Health and Human Services. Dietary Guidelines for Americans 2020–2025. 9th ed. Washington, DC: USDA/HHS; 2020.

  15. Krebs-Smith SM, Pannucci TE, Subar AF, Kirkpatrick SI, Lerman JL, Tooze JA, et al. Update of the Healthy Eating Index: HEI-2015. J Acad Nutr Diet. 2018;118(9):1591–1602.

  16. Mozaffarian D. Dietary and policy priorities for cardiovascular disease, diabetes, and obesity: a comprehensive review. Circulation. 2016;133(2):187–225.

  17. Liu J, Rehm CD, Wilde P, Mozaffarian D. Trends in diet quality among adults in the United States, 1999–2012. JAMA. 2016;315(23):2542–2553.

     

 
 
 

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